
En mi reciente visita a Ávila, España, caminé hasta la Basílica de San Vicente y confieso que me quedé sin palabras. Ante mí se alzaba una de las joyas del románico español, levantada entre los siglos XII y XIII, con su galería porticada de piedra abierta al cielo y a la historia.
Este templo honra la memoria de los santos mártires Vicente, Sabina y Cristeta, quienes entregaron su vida alrededor del año 304. Recorrer su interior, detenerme ante el cenotafio que guarda las efigies de los tres hermanos y contemplar sus relieves esculpidos en piedra, me recordó que la historia de nuestra fe hispana se escribió con valentía y con amor.
Como médico y como dominicano, sentí una profunda conexión: quienes entregan su vida al servicio de los demás —ayer los mártires, hoy quienes sanan y cuidan— forman parte de una misma tradición de entrega. La piedra de Ávila no está fría; está viva, y habla a quien se detiene a escucharla.
Recomiendo a todo el que visite España detenerse en este rincón de Castilla y León. Es una experiencia que toca el alma.
Dr. Aritmedes Restituyo
Presidente, AHPSI
Fotografía del autor.



