Hay imágenes que no se miran: se escuchan. La de este edificio de madera, de techo de zinc y ventanas de celosía, es una de ellas. Es el casón del Centro Universitario Regional del Nordeste, el CURNE, en San Francisco de Macorís, República Dominicana. Allí, el 27 de febrero de 1970, nació la primera extensión de la Universidad Autónoma de Santo Domingo fuera de la capital.
No nació por decreto solamente: nació de una lucha. El movimiento estudiantil, social y sindical de la ciudad del Jaya consiguió que el Consejo Universitario de la UASD aprobara establecer allí el primer centro regional del norte, mientras otros pedían que fuera en La Vega. Con 7 profesores, 5 ayudantes, tres empleados y sus primeros 200 estudiantes —dirigidos por el maestro Jacobo Moquete de la Rosa—, la universidad pública salió por primera vez de Santo Domingo y se hizo pueblo.
Ese casón de madera es la prueba de una verdad: la UASD va donde está su gente. Desde 1973 han egresado de ese recinto más de 25,941 profesionales, y hoy ofrece carreras como Medicina e Ingeniería Civil.
Y esa verdad nos lleva a Nueva York y a toda la diáspora. Como ha documentado AHPSI en su agenda cronológica de la UASD —la universidad Primada de América desde la Bula del Papa Paulo III en 1538, autónoma por la ley 5778 de 1961—, nuestra historia con la diáspora es larga: ya en 1977 se fundaba en Nueva York la primera organización de profesionales en el exterior, la Sociedad Médica Dental de la Salud Inc. NY, entre otros por los doctores Marcos Charles, Rafael Lantigua, Lightow, Puello y Rafael García. La presencia de la UASD en Estados Unidos supera ya los 30 años.
Hoy, miles de dominicanos y dominicanas en Estados Unidos tienen sus estudios incompletos: carreras truncadas por la migración, títulos a medio camino, profesionales que necesitan continuar formándose, revalidar, actualizarse. ¿No es ese el mismo clamor que en 1970 se levantó en San Francisco de Macorís?
Por eso levantamos la voz: es hora de un recinto de la UASD en Nueva York, en Estados Unidos. Un espacio donde nuestros estudiantes puedan completar sus carreras y desarrollar sus carreras; donde la formación continua, la revalidación de títulos y la actualización científica estén al alcance de la diáspora; donde la universidad Primada de América reconozca a sus hijos e hijas que la llevan en el corazón lejos de su tierra.
Fundar la UASD en Estados Unidos no sería solo un acto académico: sería un acto de justicia social. La educación es la forma más alta de servicio. Un recinto aquí significaría oportunidades de empleo para profesionales inmigrantes, apoyo en sus procesos de licenciamiento, y el fortalecimiento de una comunidad que cada día aporta su ciencia y su trabajo a este país. Sería sembrar, en suelo norteamericano, la semilla que en 1970 se sembró en aquel casón de madera.
La historia nos lo enseña: cuando el pueblo pide universidad, la universidad responde. Que el eco de aquel casón de madera resuene ahora en Nueva York.
Dr. Aritmedes Restituyo
AHPSI – Comité Organizador
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Fotografía del edificio histórico del CURNE (San Francisco de Macorís), proporcionada por el autor.




